Navidad

Navidad

Pensar en el nacimiento de mi padre es un asunto extra?o. Incluso pensar en mi propio nacimiento es algo imposible. ?C?mo debi? ser ese momento en que los primeros rayos de luz entraron por las pupilas, un desconocido me pes?, midi? y calific?? Ah? empezaron las calificaciones que perduran en las escuelas: un mejor n?mero indica que se tienen mejores cualidades. ?Cu?nto de calificaci?n habr? obtenido mi padre? Y, ya que estamos cerca de Navidad, ?cu?nto debi? sacar Jes?s?

Se puede pensar en la muerte del padre. Jaime Sabines ya lo demostr? en Algo sobre la muerte del mayor Sabines, lo mismo que Ricardo Garibay en Beber un c?liz. No se puede pensar en el nacimiento de tu padre: en este caso el huevo es antes que la gallina. Algunas l?neas b?blicas nos obligan a lo impensable: pensar en la muerte del Hijo y en el nacimiento del Padre. La naturaleza no es as?: debemos pensar en el nacimiento del Hijo y la muerte del Padre. Aqu?, parece, es al rev?s. No puedo imaginar que cargo al beb? que es mi Padre, mientras que veo como muere el Hijo en la cruz. ?No hubiera sido mejor que los autores b?blicos no nos metieran en este l?o?

Tengo varias preguntas: ?a qu? se refiere Isa?as cuando hablaba de que un ni?o ser? llamado ?Padre eterno?? Si se refiere a que todas las cosas surgen de ?l, entonces Juan le ayud? bastante al profeta tiempo despu?s al decir que ?todas las cosas por ?l fueron hechas?. No es as?, creo. Hablar del Padre que cre? todo as?, sin mayor explicaci?n, me har?a pensar que no todo sali? bien, aunque en G?nesis dijo que ?todo era bueno en gran manera?. ?Se referir? a que es Padre porque cuida de su creaci?n? Tendr?a varias objeciones a eso. Principalmente la gente que tiene todo en contra se opondr?a a esa afirmaci?n. 

La sociedad (patriarcal) afirma que padre es quien provee, protege y pre?a. Si no hace eso ?dicen- entonces no es padre. Por supuesto, como sucede en muchas familias, puede proveer con un dep?sito mensual, proteger con el estilo violento del macho y pre?ar para luego desaparecer. Gracias a Dios no tengo un padre as?, pero varias personas cercanas s?. En la Biblia hay buenos ejemplos de esto. Se encuentra, tal vez en primer lugar, Abraham, quien tuvo un hijo con Agar y luego, lleno de amor paterno, lo envi? al desierto con un pan y un poco de agua. Enorme proveedor y protector era el padre de las naciones. Parece que eso lo hered? a Isaac: atento padre que logr? ser enga?ado por uno de sus hijos. Su hijo, el tramposo, tambi?n sigui? la tradici?n familiar: si el abuelo no pod?a procrear, entonces ?l lo har?a a diestra y siniestra. Doce varones, hijos de cuatro mujeres diferentes, no es poca cosa. Sus hijos fueron un desastre, incluido Jos?, pero se gan? el t?tulo de patriarca. 

Hablar de paternidad en la Biblia es complicado. Pocos hombres se salvan. Tal vez el ?nico que lo logra es aquel hombre que supo amar a un hijo que no hab?a procreado, que supo guardar silencio en una historia en que no es protagonista y que renunci? a su carpinter?a para poner a salvo a su familia en tiempos violentos. Creo que Jos?, con todo y sus detalles, es una buena imagen para hablar de paternidad: un hombre que se transforma, que renuncia a sus privilegios culturales y que est? ah? para su familia. 

Si me preguntan qu? significa confesar al ?Padre eterno?, entonces tendr?a que decir que se parece mucho a Jos? (o que Jos? se parece mucho a ?l). No es el padre que protege, provee y pre?a, sino el que acompa?a a dondequiera que sus hijos e hijas vayan. A veces acompa?a en el camino, sufriendo las mismas inclemencias que sufren sus hijos; otras acompa?a a la distancia, como un padre que espera el regreso de sus hijos. Si a esto a?adimos que el Padre es eterno, entonces afirmamos que estar? ah? siempre y por siempre por-m?. Es Dios Padre que es con nosotros, que acompa?a y tambi?n espera; que sufre con los dolores de sus hijos y que ama sin l?mites, aunque a veces sus hijos no parezcan ser suyos.

Hay algo m?s. La paradoja todav?a existe: celebrar el nacimiento de nuestro ?Padre eterno?. La fe cristiana nos lleva a los l?mites de lo aceptable y ah?, en los l?mites, encontramos su sentido. Conocemos a Dios como un beb?. No es el gran protector todopoderoso, alt?simo y creador del cosmos, sino un beb? recostado en los brazos de Mar?a (y de Jos?). Ah?, en su mirada curiosa, encontramos el abrazo eterno del Padre. Dios no ha querido que lo conozcamos por su grandeza y gloria, sino en la vulnerabilidad de un reci?n nacido. Nunca esperamos ver el nacimiento de quien nos ha creado, pero en Navidad somos llevados al l?mite: Dios ha nacido, Dios es un beb?. 

As? inicia la historia de salvaci?n en Jesucristo: en un pesebre, en la pobreza, en la vulnerabilidad. S?lo quien logra asomarse en el pesebre y reconocer en el Beb? de Bel?n a Dios podr? rendirse por completo ante el Cristo resucitado. S?lo quien acepta que Dios es vulnerable en el pesebre podr? decir ?ven, Se?or Jes?s?. No es al rev?s: lo eterno lo entendemos en lo temporal, lo glorioso en lo humilde y lo poderoso en lo fr?gil. 

Es normal orar y decir que todo lo nuestro depende del Padre que est? en los cielos. Sin duda es una afirmaci?n correcta, pero Navidad quiere llevarnos a la confianza radical y, por radical, tambi?n impensable. He aqu? el misterio de Navidad: nuestra existencia est? en las manos de un Beb?. 

Leonel Iv?n Jim?nez Jim?nez

Capell?n del Colegio Sara Alarc?n

miguel

Amante de la tecnolog?a, soy un ingeniero en sistemas computacionales, soy experto en soporte para computadoras y laptops. LLevo un a?o como desarrollador web y me gusta aprender m?s de wordpress